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viernes, 27 de mayo de 2016

EL BOBO SALOMÓN REY


Como tengo muy mala memoria, a veces no recuerdo todo lo que digo, pero si les puedo asegurar, casi que jurar, que todo es la pura verdad. En ese pueblo de siempre, como todo pueblo que se respete, teníamos el bobo del pueblo. Hoy en día este personaje pertenece a una especie en vía de extinción pero en los tiempos de mi infancia, hace  muchiiiiisimos años, pueblo que se respetara tenía su bobo, su loco, en fin, un representante de cada una de las categorías pintorescas de la fauna humana.
Y los mismos desocupados de todas las plazas de los pueblos pequeños que no tienen ocupación conocida; fuera de chismosear todos los días, piropear a las muchachas, saludar muy atentos a las señoras, hurgarse los dientes con un palillo y escupir; lo mejor que saben hacer es poner sobrenombres. No creo que en el pequeño poblado existiera alguien que estuviera a salvo de su mote. Desde el alcalde hasta el más humilde personaje tenían sus nombres y apellidos por la ley y por la iglesia y sus correspondientes alias por cuenta de los sin oficio.
Al pobre bobo (es un decir porque pertenecía a la familia más adinerada) de la familia Rey, le acomodaron Salomón como una ironía contradictoria, porque su nombre verdadero era Luis Alfonso Rey.  Cuando pasaba se quitaban el sombrero para saludar a su mamá (la del bobito), le preguntaban las mismas tonterías de siempre y saludaban al joven muy respetuosamente para después de que estuvieran distantes carcajearse y burlarse de la “bella familia” que contaba en su haber un suicida, un homosexual, una pariente puta y un hijo bobo, que sinvergüenzas.  
El joven casi nunca salía solo pero, cuando se escapaba y pasaba por la plaza central (la única de la aldea) siempre se encontraba con los desocupados que lo saludaban con respeto y le dirigían preguntas muy serias. El pobre adolescente se sentía confundido pero halagado al mismo tiempo por la deferencia que le demostraban y contestaba como lo que era, puras bobadas. Los malditos le daban las gracias, lo encaminaban a su casa y se desternillaban de la risa comentando las respuestas que les había dado. A veces les daba tema por varios días y cuando se les acababan los recuerdos, pensaban acerca de nuevos temas para preguntarle sobre historia, filosofía, arte, deporte, en fin, cuanto se les venía a la calenturienta cabeza.
Al muchacho retardado lo invitaban, con inusitada frecuencia, a sus casas las damas solitarias, en especial las viudas, las separadas y las solteronas calentonas. ¿Para qué?, eso les agudizaba el ingenio a los vagos de mi pueblo. Lo cierto es que las burlas y la preguntadera sobre temas para confundir al bobito terminaron abruptamente un domingo a la salida de la Misa mayor. Ya le habían hecho preguntas malintencionadas sobre temas sexuales que contestaba el tonto con: “No puedo decirles eso, lo prometí”.
Ese día le dijeron con toda la mala intención: “Salomón, no diga nombres para no romper su promesa, señále con el dedo las viejas que le han hecho cositas, jajaja”. El bobo dijo: ¡Ah, bueno, así sí! Y señaló con el dedo tres madres y cinco hermanas de los fastidiosos.

martes, 21 de mayo de 2013

EL JUICIO DE SALOMÓN REY



EL JUICIO DE SALOMÓN REY
Salomón Rey fue un niño introvertido en su infancia, debido a esto en la escuela lo discriminaban sus compañeros y hasta los profesores, por eso a la hora del recreo se ubicaba donde no estorbara, fuera del alcance de sus condiscípulos por dos razones: la primera era que no lo notaran y la segunda que, al no ser percibido,  no lo hacían víctima de sus bromas.
A pesar de que su cociente intelectual era bastante superior al de sus condiscípulos no se notaba porque, como ya se dijo antes, hasta los maestros lo vejaban y no lo tenían en cuenta para casi nada, a no ser que lo encargaran del aseo del salón en las tardes al terminar las clases. Los jóvenes de hoy tal vez no me crean pero, hace ya muchos años, el barrido y limpieza de las aulas de clase correspondía a los estudiantes por turnos y, en la escuela de Salomón, siempre le correspondía a él esta tarea. Y para colmo, a veces lo hacían lavar los baños.
En Colombia, cuando una persona es obediente acata órdenes y tiene disciplina en su vida se dice que es muy juicioso; así era este personaje, un chico muy juicioso, de manera que Salomón Rey tenía juicio en sus actuaciones diarias. En su casa, a diferencia del centro educativo, si eran considerado y respetado de acuerdo a sus años. Pero fue pasando el tiempo y llegó la pubertad, esa época donde todos nos resentimos con facilidad, especialmente con los mayores que son todos los que tienen más de 18 años; Salomón no tenía ningún grupo como suele ocurrir en estos años desventurados en que el ser humano está totalmente desubicado de la realidad y sólo se identifica con sus iguales.
Cada día el agobio de las burlas y las humillaciones se hacía más frecuente. En su casa sus hermanas, sus primos y otros familiares lo discriminaban por su hermetismo y su falta de comunicación. El en su soledad creaba mundos utópicos por medio del dibujo y las palabras; así, se iba convirtiendo en un buen dibujante y mejor escritor que destacaría en el futuro y lo sacaría pueblo, la provincia y el país un como jamás superó su soledad interior y su timidez, cuando llegó el amor no supo controlar sus emociones y se volvió loco. En el pueblo cuando se hablaba del juicio del sabio rey Salomón de la Biblia se decía: “…nuestro Salomón Rey perdió el juicio…” en medio de carcajadas.


Edgar Tarazona Angel

domingo, 17 de marzo de 2013

EL BOBO SALOMÓN REY





 Como tengo muy mala memoria, a veces no recuerdo todo lo que digo, pero si les puedo asegurar, casi que jurar, que todo es la pura verdad. En ese pueblo de siempre, como todo pueblo que se respete, teníamos  el bobo del pueblo. Hoy en día este personaje pertenece a una especie en vía de extinción pero en los tiempos de mi infancia, hace  muchiiiiisimos años, pueblo que se respetara tenía su bobo, su loco, en fin, un representante de cada una de las categorías pintorescas de la fauna humana.
Y los mismos desocupados de todas las plazas de los pueblos pequeños que no tienen ocupación conocida; fuera de chismosear todos los días, piropear a las muchachas, saludar muy atentos a las señoras, hurgarse los dientes con un palillo y escupir; lo mejor que saben hacer es poner sobrenombres. No creo que en el pequeño poblado existiera alguien que estuviera a salvo de su mote. Desde el alcalde hasta el más humilde personaje tenían sus nombres y apellidos por la ley y por la iglesia y sus correspondientes alias por cuenta de los sin oficio.
Al pobre bobo (es un decir porque pertenecía a la familia más adinerada) de la familia Rey, le acomodaron Salomón como una ironía contradictoria, porque su nombre verdadero era Luis Alfonso Rey.  Cuando pasaba se quitaban el sombrero para saludar a su mamá (la del bobito), le preguntaban las mismas tonterías de siempre y saludaban al joven muy respetuosamente para después de que estuvieran distantes carcajearse y burlarse de la “bella familia” que contaba en su haber un suicida, un homosexual, una pariente puta y un hijo bobo, que sinvergüenzas.  
El joven casi nunca salía solo pero, cuando se escapaba y pasaba por la plaza central (la única de la aldea) siempre se encontraba con los desocupados que lo saludaban con respeto y le dirigían preguntas muy serias. El pobre adolescente se sentía confundido pero halagado al mismo tiempo por la deferencia que le demostraban y contestaba como lo que era, puras bobadas. Los malditos le daban las gracias, lo encaminaban a su casa y se desternillaban de la risa comentando las respuestas que les había dado. A veces les daba tema por varios días y cuando se les acababan los recuerdos, pensaban acerca de nuevos temas para preguntarle sobre historia, filosofía, arte, deporte, en fin, cuanto se les venía a la calenturienta cabeza.
Al muchacho retardado lo invitaban, con inusitada frecuencia, a sus casas las damas solitarias, en especial las viudas, las separadas y las solteronas calentonas. ¿Para qué?, eso les agudizaba el ingenio a los vagos de mi pueblo. Lo cierto es que las burlas y la preguntadera sobre temas para confundir al bobito terminaron abruptamente un domingo a la salida de la Misa mayor. Ya le habían hecho preguntas malintencionadas sobre temas sexuales que contestaba el tonto con: “No puedo decirles eso, lo prometí”.

Ese día le dijeron con toda la mala intención: “Salomón, no diga nombres para no romper su promesa, señálenos con el dedo las viejas que le han hecho cositas, jajaja”. El bobo dijo: ¡Ah, bueno, asi sí! Y señaló con el dedo tres madres y cinco hermanas de los fastidiosos.