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domingo, 17 de junio de 2018

LO MATÓ UN SANTO EN LA IGLESIA




Esta es una historia que ocurrió en la realidad. Yo la cuento con algunas adaptaciones de persona, lugar y tiempo pero les aseguro que sucedió y, si lo dudan, pueden averiguar en internet.
En mi pueblo siempre hacen caso a los mandatos de la iglesia católica y cuando hicieron una revisión del santoral, porque surgió la duda acerca de la existencia de algunos santos, decidieron en concilio eliminar algunos como San Cristóbal y otros. Resulta que a San Jorge lo eliminaron a medias y ya lo voy a explicar.
Las imágenes mostraban a este santo matando un  dragón y resulta que este es un animal mitológico y no debía estar en los altares; de manera que a san Jorge, cuya biografía voy a resumir, no podían sacarle tarjeta roja, pero al monstruo si. Entonces les cuento rápido la vida del hombre:
San Jorge nació hacia el año 275 o 280 (Siglo III d.C.) en tiempos del Imperio Romano; era hijo de una familia romana de nobles acomodados de religión cristiana. Siendo un niño perdió a su padre, y viaja con su madre Policromía a Palestina. Allí crece como caballero y encuentra puesto en la guardia del Emperador romano Dioclesiano, gran perseguidor de cristianos. Nuestro personaje ocultó su condición religiosa por seguridad pero, como nada permanece oculto en este mundo, el emperador se enteró y lo mandó ejecutar.
Su muerte no fue de afán, al emperador le gustaba disfrutar de las torturas y así fue que nuestro mártir soportó el dolor varios días y, al final, fue decapitado que significa que le cortaron la cabeza. Decía mi madre que murió a causa de la herida. Murió el 23 de abril de 303; el mismo día que Cervantes y Shakespeare pero 13 siglos antes. Qué pena, me salgo del tema, a veces pero sigo.
Siempre se le representa montado en su blanco corcel y matando un dragón con su lanza, símbolo de fuerza para acabar con la blasfemia y los enemigos del cristianismo.
En la iglesia de mi pueblo había un altar con una estatua tal como la describí y el cura ordenó bajarla para quitarle el dragón y cambiarlo por una serpiente. Para desbaratar o tumbar siempre sobra gente pero el cura escogió a seis forzudos entre los cuales estaba un sujeto fornido apodado el “Diablo”. Pues este señor resbaló y cayó al suelo, el peso de la estatua se recargó a su lado y San Jorge se vino al suelo con tan mala suerte que la lanza del santo atravesó el corazón del “Diablo”. Y el pueblo creyente lo atribuyó a un castigo de Dios.
Edgar Tarazona Angel

lunes, 12 de septiembre de 2016

EL MILAGRO DEL AGUA EN VINO POR UN BORRACHIN



Un borrachín consuetudinario de mi pueblo, empezó a leer con fervor la Biblia, en especial en Nuevo Testamento y los cuatro evangelios porque lo impresionó el pasaje de las bodas de Caná en el cual, Jesús transforma el agua en vino. Leyó miles de veces el capítula y buscaba otros milagros similares en los textos bíblicos.
Pensó que el agua del acueducto no era buena a pesar de que el se encomendaba al Padre y a todos los santos, rezaba el rosario sobre las vasijas llenas de agua y con mucho fervor suplicaba a Jesús que repitiera el milagro y, hasta le concedía una solución alterna, que no fuera vino sino aguardiente o chirrinche del barato, pero nada. Ensayó con agua hervida y filtrada pero el milagro no se daba. Cada día iba a misa y al final robaba agua bendita porque esta si era la efectiva y cuando tuvo varios litros intento de nuevo con pases mágicos y el agua no se transformaba en licor.
En otro sermón el cura dijo que el alcohol era del diablo y nuestro borracho pensó encontrar la respuesta. Así que Jesús convirtió agua en vino y eso fue bueno pero ahora si él lo hacía era malo, pues cambió de bando y se encomendó a los mil demonios porque cada vez tenía menos dinero y la ansiedad de beber era más intensa. Como se pueden imaginar, el alcohol no salía del agua por mas intentos que hiciera el pobre alcohólico, de manera que se declaró vencido y perdió la Fe en la Biblia y los ministros de la iglesia; por derecha el demonio también salió de sus querencias y optó por otra solución.

Decidió que si el agua no se podía cambiar en vino o bebida alcohólica pues uniendo ambas se lograría un buen licor. Compró un litro de alcohol industrial y lo mezcló con agua, limón y azúcar. Colocó un disco de su música preferida, o sea esa de cantina que habla de amores frustrados, traiciones y venganzas y se acomodó a beber del galón que obtuvo con este revuelto. El primer trago le supo mal, lo mismo que el segundo y tercero pero el alcohol calentó su cuerpo y ya pensó que el era más verraco que Jesús y todos sus apóstoles. Alcanzó a beber casi la mitad del recipiente antes del paro cardiaco que se lo llevó de este mundo. Sin embargo su rostro mostraba una expresión de triunfo

domingo, 1 de noviembre de 2015

LA AREPA NUESTRA DE CADA DIA



El Padre Nuestro nos dice “…el pan nuestro de cada día dánoslo hoy…” y eso repetido a diario me puso a pensar que tanto se acomoda a la realidad católica de América, por no decir del mundo, en nuestro continente Dios, o la naturaleza, instalaron esa planta mágica llamada maíz que se da en todos los climas y en las tres Américas, y que aportó una parte considerable de la alimentación de nuestros antepasados; y, a pesar de los años, sigue siendo prioritaria en nuestros países latinoamericanos y en especial el sector rural por la facilidad de que las familias campesinas pueden prepararlas sin hornos ni levadura ni otros ingredientes que si necesita el pan.
Con la masa del maíz se preparan las deliciosas arepas que vienen en múltiples presentaciones y sabores: con sal, sin sal, con queso, rellenas, grandes, pequeñas, aplanadas, redondas… en fin, para los gustos de todos los paladares en cada país y regiones; puede cambiar el nombre pero no la materia prima, en México, por ejemplo se llaman tortillas y hacen parte del menú diario; y en Colombia no se diga, cada región tiene su propia variedad de arepas que en algunas partes sobrepasan el consumo del desabrido pan. Aclaro que me encanta el pan pero prefiero la arepa.
Puede sonar a herejía pero, para mí  como católico y latinoamericano, en la oración debería cambiarse la palabra pan por arepa. Al principio puede sonar un poco raro pero el común de los habitantes de estas tierras se sentiría más identificada al rezar: “…la arepa nuestra de cada día dánosla hoy…” Es solo una idea pero la voy a transmitir a Francisco, nuestro papa latino, que está tan predispuesto a escuchar propuestas que lleven más fieles a los templos. Mañana lo llamo y le comento a ver qué me dice.


Edgar Tarazona Angel

miércoles, 17 de abril de 2013

EL ARCÁNGEL MENSAJERO

EL ARCÁNGEL MENSAJERO



No me lo van a creer pero en la aldea también existe el apellido Arcángel y pertenece a una familia campesina muy pobre; sus retoños varones cursaron la primaria con mucho sacrificio y las mujeres Arcángel desde su tierna infancia ocuparon cargos de sirvientas en las casas de las familias acomodadas. Esta es otra vaina que siempre me molestó porque por esos años a las muchachas del servicio domestico jamás se les pagaba un salario; decían las señoronas que el techo, la alimentación y un vestidito al año eran pago suficiente. No está por demás contar que la ropa que les daban era la que las niñas de la casa ya no usaban.
En mi pueblo todo tenía  una sola representación: un banco, una iglesia, un estanco de licores, una pequeña plaza en el centro y una oficina de correos que prestaba también servicio de teléfono (este también era un solo aparato para todos). Como casi nadie llamaba, ni falta que les hacia porque del pueblo solo se iban los muertos y eso para el cementerio, entonces una persona se encargaba de correo, teléfono y telégrafo. Pero llegó la guerra de Corea y algunos soldados pertenecientes al pueblo fueron con el batallón Colombia a esas lejanías y enviaban cartas; unos no regresaron y se radicaron en otros países; ahí nos dimos cuenta para que servía esa bendita oficina.
La señorita Inés Baquero, hija de don Abraham, el del cuento del seno, era la telefonista y cuando empezaron a llegar cartas y encomiendas de ultramar se pegó una enredada de los demonios porque, además, llegaron paquetes y giros de dinero, amén de llamadas desde y para la capital, o sea que empezó a justificar el miserable sueldo que le pagaban por no hacer nada. El alcalde en medio de su sabiduría y religiosidad, y pensando en los enviados de Nuestro Señor, tuvo la idea genial de nombrar uno de los jóvenes de la familia de nuestro relato, de manera que el mío es de los pocos pueblos en la historia que ha tenido su propio Arcángel Mensajero del señor, ¿O no?


Edgar Tarazona Angel 

EL SENO DE ABRAHAM B.


EL SENO DE ABRAHAM B.



Este relato es verídico en su totalidad, hasta los nombres son auténticos y no nombro el pueblo porque pensé que no es necesario repetir que se trata de la aldea de mi infancia. El protagonista fue Abraham Baquero, entre otras cosas pariente lejano de mi madre. Este señor tenía la asquerosa costumbre de meterse comida entre la camisa y la camiseta para ingerir en la iglesia durante los eternos sermones del padre Peña.
Antes de continuar con la historia debo abrir un paréntesis para que se entienda el asunto; en algunas regiones de Colombia se da el nombre de bollo a un amasijo de harina de maíz con queso y otros aliños, muy sabroso por cierto, con algunas variantes en otras partes se llaman hallacas, envueltos, tamales sin carne,  etc. El asunto es que don Abraham metió en su seno el bollo del desayuno y marchó a la iglesia parroquial a cumplir con sus deberes de buen cristiano, cumplidor con los ritos de la religión.
Y llegó la hora del sermón, que ese día hablaba del juicio final y por derecha el fin del mundo. El sacerdote estaba inspirado y describía imágenes horrorosas de ese acontecimiento que congregaría a todo el mundo en un lugar para ser juzgados y nombraba el Seno de Abraham con frecuencia; el viejo ya estaba harto con el asunto y, de pronto, se paró en la butaca para asombro de todos los feligreses que miraron atemorizados esta figura casi bíblica, con sus barbas blancas y su voz potente, que metió la mano entre su camisa, sacó el comestible  y  gritó al sacerdote mientras lo arrojaba con fuerza:  

-“Si es por el bollo, tómelo”