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viernes, 16 de septiembre de 2016

EL SERMON DE LAS SIETE PALABRAS EN CASADOS


EL SERMON DE LAS SIETE PALABRAS EN CASADOS
Como casi siempre, advierto que no me burlo de la iglesia y su doctrina, tomo títulos de pasajes bíblicos y personajes de la misma para acomodarlos a situaciones que ocurrieron en la realidad o en mi mente fantasiosa. En mi pueblo, de tradición católica, la celebración de la Semana Santa era, y supongo que sigue siendo porque hace muchos años no voy, un acontecimiento lleno de fervor y piedad, en especial por parte de los adultos mayores y la mayoría de las mujeres.
Esta última aclaración la hago porque en mis años de acólito, recuerdo eso con claridad, los señores que acompañaban a sus señoras a misa, se quedaban en el atrio a conversar de todo y se desinteresaban de la ceremonia; es más, durante los largos sermones del cura Peña o años después Montaño, se iban a una de las tiendas cercanas a refrescar el gaznate y escuchaban la homilía por los altoparlantes del templo. Eso con el fin de decirle después a su consorte sobre el tema del mismo y aparentar que había participado de la misa.
Pero volviendo con la Semana Mayor, el viernes santo, si mal no recuerdo, el acontecimiento principal era el Sermón de las siete palabras, con orador sagrado invitado y que se inspiraba para tener atentos a unos pocos y durmiendo la mayoría durante cuatro o cinco horas. Dejo constancia que los acólitos éramos de los dormilones y el sacristán se encargaba de sacarnos del sueño con un pellizco… eso cuando él no estaba dormido. Lo cierto es que al otro dia uno recordaba retazos de lo que dijo el sacerdote pero en especial la sangre derramada, la expiación de nuestros pecados, los profundos infiernos, Judas el traidor, las treinta monedas y cosas así, pero ¿quién iba a recordar cinco horas de perorata sagrada?
El asunto es que algunas esposas eran expertas en cantaletear a sus maridos y cuando agarraban un hijuemadre tema pasaban horas y horas moliendo al pobre pendejo con quejas, gritos, amenazas, maldiciones y dale que dale a joder al pobre marido. Como la duración de estas cantaletas era similar al sermón, los señores de mi querido y recordado pueblo cambiaron el nombre de cantaleta por sermón de las siete palabras. No sé si todavía se usa pero en otras partes se escucha a los borrachitos decir cuando se despiden de sus amigotes: “Mis hermanitos del alma, me voy a oír el sermón de mi mujer…” y los otros le responden; “Dios lo proteja mi hermanolo”…

miércoles, 17 de abril de 2013

EL SENO DE ABRAHAM B.


EL SENO DE ABRAHAM B.



Este relato es verídico en su totalidad, hasta los nombres son auténticos y no nombro el pueblo porque pensé que no es necesario repetir que se trata de la aldea de mi infancia. El protagonista fue Abraham Baquero, entre otras cosas pariente lejano de mi madre. Este señor tenía la asquerosa costumbre de meterse comida entre la camisa y la camiseta para ingerir en la iglesia durante los eternos sermones del padre Peña.
Antes de continuar con la historia debo abrir un paréntesis para que se entienda el asunto; en algunas regiones de Colombia se da el nombre de bollo a un amasijo de harina de maíz con queso y otros aliños, muy sabroso por cierto, con algunas variantes en otras partes se llaman hallacas, envueltos, tamales sin carne,  etc. El asunto es que don Abraham metió en su seno el bollo del desayuno y marchó a la iglesia parroquial a cumplir con sus deberes de buen cristiano, cumplidor con los ritos de la religión.
Y llegó la hora del sermón, que ese día hablaba del juicio final y por derecha el fin del mundo. El sacerdote estaba inspirado y describía imágenes horrorosas de ese acontecimiento que congregaría a todo el mundo en un lugar para ser juzgados y nombraba el Seno de Abraham con frecuencia; el viejo ya estaba harto con el asunto y, de pronto, se paró en la butaca para asombro de todos los feligreses que miraron atemorizados esta figura casi bíblica, con sus barbas blancas y su voz potente, que metió la mano entre su camisa, sacó el comestible  y  gritó al sacerdote mientras lo arrojaba con fuerza:  

-“Si es por el bollo, tómelo”