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lunes, 21 de noviembre de 2016

LA PESCA MILAGROSA




Siempre hablo de mi pueblo natal porque allí pasaba de todo, o mejor, lo que ocurría lo relacionaban con algún pasaje bíblico como este de la pesca milagrosa. Ese que narra la inútil labor de Pedro y otros pescadores que pasan el día en el lago sin lograr pescar nada y llega Jesús y les dice que arrojen las redes al agua una vez más y estas salen repletas de peces.
En los días en que el párroco organizaba bazares (para mis lectores de otros países son reuniones sociales con venta de víveres, licores, reinados de belleza y juegos permitidos para recoger dineros para la parroquia. Pues esas señoras piadosas y colaboradoras inventaron una forma de sacarles las monedas a los niños con el juego de “La pesca milagrosa” que consistía en lo siguiente:
En el segundo piso de la casa parroquial se instalaban varias señoras con pequeños obsequios  envueltos en papel de regalo. Abajo estábamos los niños con las monedas en la mano, haciendo una fila bien ordenada por otra señora; entonces, atada de una cuerda bajaba una canasta donde uno depositaba sus moneditas y el canasto subía nuevamente; allí arriba las damas contaban las monedas y según la cantidad enviaban de regreso un regalo.

Yo no era de los niños ricos y siempre mi regalo sorpresa era de los mejores. Para mí, en mis cortos años, eso era milagroso. Ahora, muchos años después, saco la conclusión que el milagro se debía a que mi familia era de las mayores colaboradoras con el cura pero, en esa época, cada vez que se realizaban estas festividades yo era feliz en “La pesca milagrosa” con un yoyo, un carrito o un pito para desesperar a los mayores.
 Edgar Tarazona Angel
Imagen bajada de la red

domingo, 20 de marzo de 2016

BARRABAS EL BUENO


BARRABAS EL BUENO
Recuerden que en mi pueblo siempre asocian los acontecimientos relacionándolos con un pasaje de la Sagrada Biblia pero sin ánimo de ofender las creencias de nadie. Es su modo de ver la vida y así ha sido siempre; por lo menos según las noticias que sigo recibiendo, después de una ausencia de muchos años.
Ya les conté en otra historia que en esa aldea reinaba la paz que se interrumpía los días del mercado por peleas de borrachos a quienes se les aplicaban las tablas de la ley pero, también, por los abigeatos de ganado mayor y menor y esta es la razón de la historia poco bíblica de Jesús y Barrabás, dos ladrones de reses  que hurtaron una vaca de don Próspero Hernández y fueron capturados en un pueblo vecino cuando pretendían venderla; bueno, en realidad el ladrón fue Jesús María Rodríguez y en la feria del pueblo donde los atraparon, se había encontrado con Carlos Julio Villalobos, compadres, vecinos y cuñados… ahí terminaba el parecido.

Cuando comparecieron ante el juez Jesús tuvo la entereza de librar de culpa a su cuñado y amigo porque este no había participado del robo. Jesús fue condenado y Carlos Julio puesto en libertad. Como esto sucedió durante la semana santa los burlones del pueblo de inmediato encontraron parecido con el pasaje bíblico y bautizaron de por vida Barrabás a Carlos Julio, que fue preso en libertad mientras Jesús era condenado… que hijuemadres que no dejaban pasar ni una.

lunes, 15 de febrero de 2016

ELIAS Y EL CARRO DE FUEGO


Como siempre, advierto que los personajes están basados en personas reales  de un pueblo que también existe y donde pasé mis primeros diez años de vida. Lo digo porque algunos lectores piensan que me burlo del libro sagrado pero es una coincidencia; en dicho pueblo, muy católico por cierto, la mayoría de sus habitantes tenían nombres bíblicos… o, por alguna razón anecdótica, los apodaban con nombres del libro sagrado; es el caso de Judas, Caín, Barrabás y otros.
Don Elías carrillo ganaba su diario vivir conduciendo un camioncito y transportando los productos de la agricultura pueblerina hasta la capital. Por supuesto que también lo ocupaban para los trasteos y los paseos de olla. En el bendito poblado estaban pendientes de cualquier circunstancia para acomodarla a un pasaje de la Biblia y eso mismo ocurrió con don Elías.
Para colmo el mejor amigo de este señor se llamaba Eliseo, lo mismo que en Reyes 2 (1,12), lean muchachos para que vean que no digo mentiras. Uno de tantos días llevaron un viaje de legumbres a la capital y, de regreso al pueblo, se estrellaron contra unos burros sin dueño que correteaban por la carretera. Parecido al pasaje bíblico Elías se fue en llamas con burros y todo pero su compadre Eliseo se salvó para contar la historia. Aseguro que todo esto es la purita verdad.

domingo, 17 de marzo de 2013

ABEL, ASESINO DE SU HERMANO



Es un muchacho pueblerino que crece educado con la Biblia al pie de la letra. Es un poco lerdo para entender y eso hace que repita varios cursos de la escuela primaria. Sólo cursó el primer año de bachillerato pero lo repitió seis veces, de manera que sus padres le suspenden la ayuda para que estudie y más bien le consiguen oficio.
Su ocupación es hacer los mandados de los vecinos que lo solicitan a cambio de un dinero. El único libro que lee es la Sagrada Biblia y lo entiende a su manera. Asiste a todos los oficios religiosos y escucha con atención los sermones del padre pero, igual, acomoda la enseñanza a lo que su mente lenta le aconseja.
Lo impactó sobremanera la historia de Caín y Abel y recuerda que su hermano menor tiene vacas y ovejas y no hace sacrificios al señor. El no cultiva la tierra pero como poco se baña se dice a si mismo que la lleva a cuestas. Casi no cae en cuenta de que su nombre es Abel y cuando lo hace decide actuar según lo que recuerda del Génesis.
Un día su hermano desobedece a su padre y le grita a su madre. Las palabras de la Biblia acuden a su cabeza en desorden, sigue a su hermano y, por la tarde, cuando este regresa de cuidar sus animales, lo ataca con una canilla de vaca que encontró en las afueras del matadero. Dice que lo mató igual que el Abel de la Biblia lo hizo con su hermano menor, para seguir las Santas Palabras. Terminado el juicio y leído el veredicto condenatorio; alguien del público le grita: ¡Pendejo, fue al revés!